Monday, December 29, 2008

Libre

Episodio XI

Libre

Lo siento, dijo ella, amo a -----. Cinco sencillas palabras que fueron capaz de echar por tierra todo mi mundo. La sangre comenzó a correr con más fuerza que nunca. Me encendí en un extraño arrebato de furia impropio de mí. Es como si de pronto te encontraras encadenado a un templo con la fuerza de tirarlo hasta sus cimientos. No sé cuánto tiempo había pasado pero por fin mis heridas comenzaban a sanar, la sonrisa se estaba apoderando otra vez de mis labios, en mi alma el sol se había asomado. En ese momento vi las sombras surgir del piso dispuestas a tomarme de vuelta a su seno.


Estuve triste un tiempo hasta que inevitablemente nuestros caminos se separaron. Yo esperé un tiempo a que ella me hablara pero no lo hizo. Tal vez pueda aceptarla como una amiga más pero por lo pronto ya marqué muchas veces el teléfono, ya mandé muchos mensajes, ya estoy cansado. Sí, están pensando en que les estoy describiendo una mujer de lo más ingrata por lo que hizo, más no es cierto. Es una buena persona, alguien que me rescató de las sombras o, mejor dicho, una niña hermosa que me dio el respiro necesario para poderlas enfrentar otra vez. Es más, creo que en cierto momento yo fui el ingrato ya que creo que llegué a abusar de esa confianza y deseé algo más.


Pasó un borrego, ¿o fueron tres? es momento de sumergirse a esa río de agua fría; levantarse en medio de la gran tormenta y gritar. Con el corazón, a todo pulmón, a los cuatro vientos; que los truenos recorran mi alma, pasando por mi cuerpo. Esto es todo lo que tengo, todo lo que soy, ahora recuerod que soy feliz. Nadie puede quitarme este ínfimo copo voluntad en la raíz de mi corazón. Saldré adelante, de eso estoy seguro; por los que quedan atrás les deseo mucha suerte.

Saturday, December 27, 2008

La casa en llamas

la casa en llamas
SD
¿Qué empezó el incendio? No sabría decirlo con certeza; tal vez se trata de una práctica broma del duende que tenemos por inquilino en el jardín; incluso podría tratarse del vecino mala cara de la esquina, siempre mirándo mi hogar con esos ojos que develan un macabro deseo. En verdad no tenía idea porqué los bomberos tardaban tanto, al momento de su llegada ya no habría de quedar otra cosa más que los cimientos. Qué lío. Ésta mañana me levanté cómo cualquier otra, saqué al tarugo de Fideo a pasear, desayuné los restos de la cena de ayer, vi televisión y de pronto mi casa se incendió. Fue espontáneo, como un truco de magia, una pícara llama comenzó su performance en mi casa. Yo estaba como hipnotizado, más bien zombificado, por lo que no sé cómo aparecí afuera de mi casa. Nadie estaba a mi rededor para ver el espectáculo, sólo yo. No sé por qué no grité, no lo hice, me limité a contemplar mis cosas arder. Lo primero que se calcinó fue mi cuarto, ese rincón especial donde están todos mis tesoros. Mi cama, el lugar donde reposé tantas veces de mi vertiginoso camino es un marco negro de metal. De mis libros ya no quedan ni sus títulos; ¿Cúantas horas de diversión y conocimiento no se han perdido ahí dentro? Mi escritorio, horas insufribles de esfuerzo continuo son ya memorias de otra vida. No seguí mirando, todo había termiando para mí. Contemplé el cielo rugir, la lluvia caer, una risa nerviosa escapó de mis labios mientras sostenía una botella casi vacía de Vodka. Mis intestinos rugían incesantes que les permitiera escupir ese ácido que les carcomía. Escuché música en mi cabeza, tal vez era un poco de jazz. Con mi mano libre saqué de mi bolsillo un encendedor y le abrí. Tosí alcohol mientras volvía a sonreírle irónicamente a la vida por tan cruel destino. De mis dedos resbaló el fuego, éste se esparció velozmente por toda la casa que vociferaba cual fiera herida por su ya sellado destino. No escuché las súplicas puesto que en mi mente el fuego había pasado hace un rato. En lo alto veo la casa en llamas, los gritos de los vecinos, la sorpresa de Fideo, el llanto del duendecillo de travieso. Todo como debe ser, mi casa se esta cayendo sobre sus cimientos. me he liberado de mi cuerpo, prosigo mi camino hacia la imortalidad.