Tuesday, September 30, 2008

Y fueron el crepúsculo y el amanecer del octavo día

Episodio IX

Y fueron el crepúsculo y el amanecer del octavo día


Hay días en que uno calla las cosas y las olvida. El que las olvidemos no implica que no sigan ahí.... ¿Verdad fea? Así comienza esta historia, con una niña horrible. Ella es, porque no se ha muerto, una de las personas más maravillosas del planeta. De ella recuerdo su voz, ese dulce sonido que fue mi compañero durante mucho tiempo. Con ella todo sucedió como ocurren las cosas realmente importantes: en un día como cualquier otro. Una extraña con la que tienes un vínculo en común que eventualmente se convierte en amistad, siempre incompleta, siempre impotente. No había nada que lamentar pero una de las partes siempre esperó algo más. Ese algo se convirtió en un manojo de esperanzas. Pero él no se mantuvo firme, o al menos no los suficiente para intentar acercarse. Él no se mantuvo valiente cómo para tomar un rumbo distinto. Siempre en el medio, tibio. Un día las ilusiones terminaron, ella se me escapó entre los dedos y la noche se acrecentó sobre él, sobre mí.

Sin embargo eso es historia del pasado porque sé que de ese momento he crecido lo suficiente como para evitar cometer los mismos errores... Me encontraba dormido, el mundo no existía, estaba esperando el camión y la encontré. Un día como cualquier otro todo empezó a tener sentido de nuevo. Lo más increíble de todo fue que todo parecía que iba a funcionar. Pero sé que el no juega con los dados y quebró mi ímpetu inicial. Fue entonces que descubrí que todavía era de noche, que los problemas a los que me había cegado seguían ahí. Volté hacia arriba y comprendía que debía aceptar la luz de la noche para poder llegar a acepatar la luz de la mañana por romper. A lo lejos veo la estrella que quise tener, a la que me aferré, la que recién había extraviado. No es momento de tenerla, es momento de comprenderla.

Thursday, September 18, 2008

Cumple de Caro!!!

Okey, prometo editar mas este post porque va a ser mas extenso pero por lo pronto....


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Wednesday, September 17, 2008

Historias suburbanas

Episodio VIII
Historias suburbanas

Jazz, la música de los poetas muertos; melancólica, sexual, apasionada, fugaz. El músico camina por las negras calles de la ciudad con el saxofón en las manos expidiendo una suave armonía. Los ruidos que lo rodean son inconfunidbles; unos autos a toda velocidad, roedores en busca de alimento, el goteo de los techos, los vapores de las alcantarillas. Pero el hombre no los esucha, está embelesado con su propia canción.

En lo alto de un edifico viejo se encuentra un borracho. Su mirada fría revela batallas ahogadas en la bebida, penas engullidas con las lágrimas y recuerdos vagabundos de un feliz tiempo pasado. El señor se encuentra como ausente, bajo la luz de una luna inexistente, entre los brillos numerosos de las luces de la ciudad que nunca duerme. Con el saco roto, los guantes gastados y los pantalones roídos se sume en sus pensamientos de alcohol y amargura.

La madre mira a través del espeso vidrio el tiempo que resbala, el hogar cálido no le calienta el alma. Un niño en los brazos es todo lo que le queda de dignidad como mujer. Sus ocres labios, cansados de no sonreír, tratan de entonar al pequeño un arruyo. Los ojos apagados miran la carcomida pared detrás del televisor. Ella quisiera que existiera que un mundo le esperara tras esas cuatro paredes de su prisión. La ciudad le resulta ajena aunque de ésta pareciera ser su alma. El niño llora, ella le mece, ella se calla, ella se olvida.

Nunca quise contar esta historia, no con esta canción, no con este lamento. Es de noche, la lluvia resbala por mis mejillas como lágrimas no lloradas. La quise tantas veces bajo el cielo infinito dijo el poeta. Ella fue un suspiro de felicidad, uno que me roba el aliento y me mata. No puedo desear regresar el tiempo, no deseo cambiar nada, todo fue tan pleno. Quisiera hecharme la culpa de cómo terminó esto, no puedo, ella también jugó su papel en el final. Cada instante creo que me podría arrojar a sus brazos, llorar y resucitar lo que fue. La ilusión del jazzista, la nostalgia del vagabundo y la esperanza de la madre. Sentimientos encontrados en mi cabeza que me inducen a desearla con todas mis fuerzas. Sé que ningún camino se recorre dos veces de la misma forma y éste no es la excepción. Conozco mi orgullo, sé que no la aceptaría de vuelta de la manera en que lo sueño. Sé tantas cosas que preferiría no saberlas. Sé que estoy muy triste, sé que mi vida no se ha perdido, que los azules, los verdes, los amarillos, todos los colores siguen así. Sé que esta ilusión ya está muerta, que las lágrimas nublan mi sol, que la ansiedad oscurece mis pensamientos. Confío en que los vientos se lleven las nubes de tormenta que opacan el brillo de las estrellas. Entonces tal vez todo sea distinto, en ese momento quizá pueda voltear al cielo nocturno. Ahí le susurraré a la estrella más blanca que sea ella feliz, sin mí. Y ella me olvidará y me perdonará por haber irrumpido en sus ilusiones....

La botella resbaló gentilmente de la mano del vagabundo. Éste se encontraba en paz descansando en la azotea del edificio. Ahí, una madre decide tomar a su único hijo e irse a probar suerte en el ancho mundo. Un jazzista escucha el estruendo de mil cristales rompiéndose y deja de lado su saxofón para voltear al cielo de inexistentes estrellas.